Atención plena

Qué es el mindfulness infantil (y qué no es)

Por Providencia 8 min de lectura

Dos niños meditando espalda con espalda, ilustración del artículo sobre qué es el mindfulness infantil

El mindfulness infantil es enseñar a un niño a estar en el aquí y ahora: a darse cuenta de lo que le pasa por dentro y de lo que pasa a su alrededor, sin salir corriendo de ello. Se practica con juegos de dos o tres minutos. Ni magia, ni moda, ni religión.

Qué es el mindfulness infantil, dicho en una frase

Prestar atención a lo que está pasando ahora, a propósito.

Suena a poca cosa. Mira cómo se ve en un niño de siete años: está a punto de pegar a su hermano y, un segundo antes, se da cuenta de que tiene la tripa dura y los puños cerrados. Ese darse cuenta es el mindfulness entero. Lo que haga después ya es otra historia, pero sin ese segundo no hay ninguna otra historia posible.

Trabajamos dos cosas y nada más. Notar lo que hay: el ruido de la calle, el sabor de la merienda, el calor en la cara cuando se enfada. Y que entre lo que siente y lo que hace quepa un momento. Un momento pequeñito, de un par de segundos. Con eso ya se puede elegir.

Qué no es el mindfulness infantil

Ni magia, ni moda, ni religión.

Esta parte me importa más que la anterior, porque es la que hace que muchas familias del pueblo se echen atrás sin llegar a preguntar.

No es una religión

En clase no se reza, no se le pide a nadie que crea en nada y no hay ningún símbolo colgado de la pared. Hay esterillas, una campana pequeña y unos peques soplando.

El origen de estas prácticas está, sí, en tradiciones de meditación orientales. Pero lo que se enseña hoy en un colegio o en mi clase viene de otro sitio: en 1979, Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular, montó en la Universidad de Massachusetts un programa de ocho semanas para pacientes con dolor crónico, y le quitó a propósito todo el envoltorio religioso para que sirviera a cualquiera, creyera lo que creyera. De ahí sale, casi cincuenta años después, lo que hacemos con los niños.

Dicho en corto: tu hijo aquí no se convierte a nada.

No es una moda pasajera

Lleva más de cuarenta años en hospitales y unos veinte entrando en colegios. En España hay programas escolares con nombre, equipo y material publicado: Aulas Felices, que nació en Zaragoza, o el programa TREVA, en Cataluña. Que ahora se hable más no significa que se haya inventado este año. Significa que ha llegado a los pueblos, que es distinto.

No es terapia, y no sustituye a un psicólogo

Yo soy profesora de yoga y mindfulness infantil. No soy psicóloga ni médica, y esto no es una consulta.

El mindfulness no cura la ansiedad, no trata el TDAH y no diagnostica nada. Si tu hijo lo está pasando mal de verdad, si hay miedos que no se van o tristeza que dura, lo que necesita es un profesional de salud mental infantil. Habla con el pediatra y que te oriente.

Lo que sí puede hacer esto es acompañar. Un niño en tratamiento que además tiene un rato a la semana para moverse, respirar y reírse tiene una cosa más. No una cosa en lugar de otra.

No es estar quieto y callado media hora

Nadie de seis años aguanta media hora con los ojos cerrados, y el que lo aguanta probablemente lo está pasando mal.

Las prácticas duran dos o tres minutos, y muchas se hacen en movimiento: caminando muy despacio por la sala, contando cuántos sonidos distintos se oyen en un minuto, comiendo una uva pasa como si fuera la primera de su vida. El silencio, cuando llega, dura poco y llega solo.

No es una herramienta para que los niños molesten menos

Esto lo digo con cariño y va también por mí, que soy madre.

A un niño no se le enseña a respirar para que deje de dar la lata. Se le enseña para que él tenga algo suyo cuando lo necesite. La diferencia parece pequeña y no lo es: si lo usamos como un botón de apagado, el peque lo nota enseguida y a los dos días no quiere ni oír hablar del tema. Y hace bien.

En qué se diferencia del yoga infantil

En casa se usan como sinónimos y no lo son. Van juntos en la misma clase, pero cada uno hace su trabajo. Y hay un tercero, la educación emocional, que es el que menos suena y el que más falta hace.

Práctica Qué es Qué se ve en clase Qué se lleva a casa
Yoga La unión del cuerpo y la mente. Se trabaja desde el cuerpo Posturas, equilibrios, cuentos con movimiento, juegos de fuerza Un cuerpo que se conoce mejor y una manera de descargar la energía del cole
Mindfulness Estar en el aquí y ahora Escuchar, oler, mirar, respirar, quedarse quieto un rato corto Darse cuenta de lo que le pasa antes de que se le vaya de las manos
Educación emocional Entender lo que siento y cómo puedo aprender a gestionarlo Poner nombre a la rabia, al miedo, a la vergüenza. Hablar de lo que pasó el martes en el patio Palabras para decir lo que le pasa, en vez de un portazo

En mi clase no van por separado. Empezamos moviéndonos, paramos a escuchar y al final ponemos nombre a cómo hemos llegado y cómo nos vamos. Los peques no saben cuál es cuál, y no falta ninguno.

Si quieres ver el lado del cuerpo, tienes ocho posturas de yoga para hacer en familia explicadas paso a paso.

Qué se trabaja en cada edad

De 3 a 6 años: el cuento y los sentidos

A esta edad no se explica nada, se hace. Todo entra por un cuento o por un sentido: una caja con cosas dentro para adivinar al tacto, una campana que se escucha hasta que deja de sonar del todo, un trozo de mandarina que se huele antes de comerlo. Una práctica dura uno o dos minutos, y hay días que ni eso.

De 7 a 9 años: poner nombre a lo que siento

Aquí ya se puede hablar. Es la edad en que un niño empieza a distinguir que no es lo mismo estar enfadado que estar triste, ni estar nervioso que tener miedo, aunque por dentro se parezcan bastante. Trabajamos dónde se nota cada cosa en el cuerpo: la rabia en la tripa y en la mandíbula, los nervios en las piernas, la vergüenza en la cara. Cuando saben localizarlo, saben avisarlo.

De 10 a 14 años: los nervios, los exámenes y el ruido de dentro

Con los mayores hay que cambiar el tono o se te caen del grupo en dos sesiones. Nada de flores imaginarias. Funciona lo discreto y lo que sirve para algo concreto: respirar antes de un examen sin que nadie se entere, notar el momento en que la cabeza se va a lo de siempre y traerla de vuelta. Y funciona hablarles claro, porque a los doce años detectan la palabrería a un kilómetro.

Qué se puede esperar de verdad, y en cuánto tiempo

Primero, lo que no va a pasar. Tu hijo no va a volverse obediente, no va a sacar mejores notas por esto y no va a dejar de discutir con su hermano. Si alguien te promete cualquiera de esas tres cosas, desconfía.

Lo que sí he visto pasar, después de meses y cuando en casa también se hace algo:

  • Que un día se va solo a su cuarto y vuelve más entero, y al preguntarle te dice que ha estado respirando.
  • Que dice «estoy muy nervioso» en vez de dar un portazo. La frase no arregla nada por sí sola, pero abre una conversación que antes no existía.
  • Que en clase se tumba en la relajación sin protestar, cuando en septiembre no aguantaba ni diez segundos.

Y hay peques con los que no se ve nada en todo el curso. También está bien. A veces sale tres años después, y nadie se entera nunca.

Cómo empezar en casa esta semana, en tres minutos al día

No hace falta comprar nada. Elige un momento fijo, el mismo todos los días: después de cenar, o justo antes del cuento.

Días 1 y 2. Escuchar. Pon el temporizador del móvil en un minuto. Cada uno cuenta cuántos sonidos distintos oye. Al acabar los decís en voz alta. Nadie gana.

Días 3 y 4. Respirar. La flor y la vela: una mano es una flor y la otra una vela, se huele contando hasta cuatro y se sopla contando hasta seis, cuatro veces. Lo tienes explicado, con otros cinco, en los seis juegos de respiración para calmar a un niño nervioso.

Días 5, 6 y 7. El repaso del cuerpo. Tumbados, de los pies a la cabeza, y una sola pregunta: ¿qué parte del cuerpo está cansada hoy? No hay respuesta correcta.

Tres reglas para que dure más de una semana. Lo haces tú también, no él solo. No lo conviertas en deberes ni en algo que se premia o se castiga. Y el día que no salga, no sale, y no pasa absolutamente nada.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo mindfulness que meditación?

No. La meditación es una de las maneras de practicarlo, y con niños es la que menos usamos. La mayor parte del tiempo estamos escuchando, tocando, oliendo o moviéndonos.

¿Desde qué edad se puede practicar mindfulness?

Desde los 3 años, en formato de juego y en prácticas de uno o dos minutos. A partir de los 7 se puede hablar de lo que se siente. A partir de los 10, ya se parece a como lo hace un adulto.

¿Sirve para niños con TDAH o muy movidos?

Me lo preguntan mucho y merece una respuesta honrada: hay investigación en marcha y no me corresponde a mí sacar conclusiones. Lo que veo en clase es que a un peque muy movido le viene bien un sitio donde nadie le riñe por moverse y donde se le enseña a parar poco a poco. No es un tratamiento ni sustituye al que le haya pautado un profesional.

¿Se usa el mindfulness en los colegios españoles?

Sí, desde hace años y con programas propios, como Aulas Felices o TREVA. No es algo que nos hayamos inventado en El Paretón.

¿Tengo que hacerlo yo también?

No estás obligada, pero cambia mucho. Un niño de cinco años no va a practicar la calma en una casa donde nadie para. Con que te sientes a su lado tres minutos, basta.

Dónde practicarlo con otros niños

Todo lo de arriba se puede hacer en el salón de casa. Pero en un grupo de ocho pasa algo que en casa no pasa: un peque ve a otro tumbado en silencio y se tumba. No hay que convencerle de nada.

Aquí tienes las clases de yoga y mindfulness para niños en El Paretón (Totana), de 3 a 14 años y en grupos de ocho como máximo. Escríbeme y te cuento horarios y en qué grupo entraría tu hijo, sin compromiso.

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Escrito por Providencia, profesora de yoga y mindfulness infantil en El Paretón (Totana). Publicado el 1 de septiembre de 2026.

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